La historia de la industria láctea en El Trébol está estrechamente ligada a la familia De Lorenzi, que a comienzos del siglo XX puso en marcha una de las primeras fábricas de elaboración de productos lácteos de la región. Esteban De Lorenzi repasó los orígenes de la empresa familiar, su crecimiento y el papel que tuvo en el desarrollo de la ciudad, en el contexto del anuncio de cierre de la planta de Savencia, previsto para el próximo 31 de marzo.
Con recuerdos familiares y datos de la historia industrial local, De Lorenzi reconstruyó el camino de una firma que nació en 1913, llegó a comercializar sus productos en distintos puntos del país y también alcanzó mercados internacionales.
Los comienzos de una industria que marcó a El Trébol
Según relató De Lorenzi, el origen de la empresa se remonta a 1912, cuando su abuelo viajó a Italia y conoció a Invernici, uno de los principales elaboradores de productos lácteos de ese país. A partir de aquella experiencia, surgió la idea de desarrollar una industria de elaboración de leche en El Trébol.
Al regresar, su abuelo compartió la propuesta con su hermano Victorio y ambos comenzaron a acondicionar dos habitaciones ubicadas en el lugar donde actualmente funciona la escuela Agrotec.
“En los primeros meses de 1913 comienzan a elaborar los productos. Es de las primeras fábricas que se crean para la elaboración de leche”, recordó.
La empresa creció rápidamente y, hacia 1920, ya tenía una presencia importante. En ese proceso, la actividad tambera se convirtió en uno de los motores económicos de la localidad.
“El Trébol, a pesar de tener una estancia al lado, no fue como Las Rosas. En Las Rosas fue todo agricultura y acá fundamentalmente se inclinó en la lechería. Los tambos daban vida al pueblo”, explicó.
El Trebol Llano, un queso reconocido dentro y fuera del país
Uno de los capítulos más destacados de la historia de la firma fue el desarrollo del queso duro conocido como Trebolgiano, que llegó a convertirse en uno de sus productos más importantes.
De Lorenzi recordó que, en los comienzos de la industria láctea argentina, existía la idea de que determinados quesos duros no podían elaborarse en el país porque dependían de las características de las hierbas de regiones italianas como Parma, Reggio Emilia y Piacenza. Sin embargo, la experiencia de la empresa demostró que la clave estaba en la técnica de elaboración.
En 1918, el producto se presentó a un concurso de elaboradores de productos lácteos en Buenos Aires y obtuvo el primer premio y la medalla de oro. Según contó De Lorenzi, el jurado incluso puso en duda que el queso hubiera sido elaborado en Argentina.
“Entonces, la firma lo invita a que se constituyan en El Trébol. Vinieron y corroboraron que era un producto de acá”, relató.
La producción se distribuía en distintos puntos del país, con oficinas comerciales en Mendoza, Córdoba, Rosario y Buenos Aires, desde donde también se organizaban las ventas al exterior.
La logística tenía una particularidad: la fábrica contaba con una vía ferroviaria propia y un pequeño tren que trasladaba los productos desde los depósitos hasta el ferrocarril. De Lorenzi recordó haber viajado en ese tren durante su infancia y estimó que funcionó hasta comienzos de la década de 1950.
Una empresa ligada a la vida cotidiana de la ciudad
La actividad de la firma trascendía la elaboración de quesos. En sus primeros años también tuvo una planta frigorífica destinada a la producción de embutidos y un establecimiento de cría y engorde de cerdos.
Con el paso del tiempo, esas actividades dejaron de formar parte del funcionamiento de la empresa, que continuó vinculada principalmente a la producción láctea.
De Lorenzi también se refirió a los cambios generacionales y a las dificultades para sostener una sociedad familiar a lo largo de las décadas. En ese contexto, explicó que la participación accionaria se había dispersado entre distintos propietarios, lo que complejizaba la toma de decisiones.
Finalmente, la empresa fue vendida a la familia Williner en 1978 y posteriormente en 2023, pasó a manos de Savencia, compañía que anunció el cierre de la planta de El Trébol para el 31 de marzo de 2027.
“Las empresas no son un fin en sí mismas”
Al referirse al cierre anunciado, De Lorenzi manifestó su tristeza y puso el foco en las consecuencias que una decisión de este tipo tiene para una comunidad.
“Es doloroso, porque las empresas no son un fin en sí mismas, sino lo que generan dentro de una población”, expresó.
En esa línea, advirtió sobre el impacto que provoca la pérdida de establecimientos industriales, especialmente en un contexto en el que resulta difícil conseguir empleo.
“Lamentablemente estamos viendo que se están cerrando muchas empresas. El país se ha hecho fuerte cuando no vende la materia prima, sino la materia industrializada, la materia elaborada, que genera trabajo, genera riqueza, genera movimiento”, reflexionó.
Su testimonio recupera así una parte central de la memoria productiva de El Trébol: la historia de una empresa que acompañó el crecimiento de la ciudad y que, más de un siglo después de sus comienzos, vuelve a estar en el centro de la preocupación local por el futuro de la industria y el empleo.




