“El CAF era mi lugar seguro y estuve hasta los 12 años”

La historia de Marilú Román, marcada por el amor de su abuela y el acompañamiento del CAF Nº17 Estrellita

En el marco de los 50 años del CAF Nº17 “Estrellita”, Marilú Román compartió un relato profundamente emotivo sobre su infancia, atravesada por la fortaleza de su abuela y el rol clave que tuvo la institución en su crianza.

A mí y a mis dos hermanas nos crió mi abuela. Ella quedó viuda con tres hijos menores y, más tarde, por distintas circunstancias, mi mamá —que era su hija menor— no pudo hacerse cargo de nosotras. En ese momento intervino el juez de familia, lo que hoy sería Niñez, y le dijeron a mi abuela que, si nadie podía cuidarnos, íbamos a ir a un hogar. Pero ella no lo permitió: ‘Críe tres hijos sola, puedo criar dos nietas más’, respondió”, recordó Marilú.

Su abuela trabajaba limpiando casas todo el día, y buscó apoyo en el CAF Estrellita, dirigido en ese entonces por Alicia Fabro. “Yo tenía un año y dos meses cuando entré a la guardería. Estaba de 7 de la mañana a 5 de la tarde. Nos daban desayuno, almuerzo y merienda, y mi abuela nos pasaba a buscar después del trabajo”, contó.

Marilú conserva recuerdos imborrables de aquellos años: “Nos bañaban, nos cambiaban, nos sacaban los piojitos. Hacían mucho por nosotras. Mi abuela llegaba muy cansada, pero las chicas del CAF le daban comida para la cena. Yo tuve una infancia segura, y eso, viniendo de una familia donde hubo mucho dolor, fue una bendición”.

También recordó los prejuicios que enfrentó su abuela por criar sola a sus nietas: “En esa época ser mamá soltera o abuela sola era muy juzgado. Pero ella nos crió con amor, y siempre digo que tuve una infancia feliz gracias a su esfuerzo y a toda la gente que la acompañó”.

El vínculo con el CAF se extendió más allá de la niñez. “Estuve en la guardería hasta los 12 años, cuando terminé séptimo grado. Después venía a comer al comedor. Era mi lugar seguro: mi casa con mi abuela y la guardería”, relató.

Años más tarde, Marilú regresó al CAF como mamá. “Traje a mi hijo Uriel, que estuvo cinco años en el CAF. Hoy tiene 20. Y también vino mi hija Valentina, aunque por poco tiempo. Fue como cerrar un círculo de amor y acompañamiento.”

En el cierre, dejó una reflexión que resume su historia y su presente: “Hace poco me quedé sin trabajo y pasé días difíciles. Pero recordé lo que me dijo Vale —una compañera del CAF—: que tenemos que hacer redes de contención, porque divididas no logramos nada. Eso me impulsó a seguir, a apostar a lo que sé hacer. Si la vida se dio así, es porque vienen cosas mejores”.