Médicos y enfermeros quedaron bajo la lupa por el desvío de ampollas del opioide desde hospitales de Santa Fe y Entre Ríos. Al menos dos investigaciones acreditaron su venta, mientras otro caso derivó en la muerte de un joven rosarino. En Rosario, una de esas pesquisas quedó vinculada a la muerte de un joven de 37 años
Un sumario administrativo puso la lupa sobre un médico que, según sospechan autoridades, habría robado al menos seis ampollas del Hospital Samco de la localidad santafesina de Esperanza. El hurto salió a la luz en julio de 2026 y ameritó una investigación interna que, por el momento, no arrojó resoluciones ni tuvo correlato penal. Las ampollas del opioide de fabricación legal desaparecieron del efector. Pero, para disimular la faltante, sus etiquetas terminaron en frasquitos del antiácido ranitidina, situación que fue calificada de “extrema gravedad” por la ministra del área, Silvia Ciancio.
El médico que quedó en la picota por el hurto llegó a estar internado en un centro especializado en adicciones de la provincia de Córdoba, según publicó el diario Aire de Santa Fe. Sin embargo, en diálogo con la prensa local aseguró que es “inocente” y que él mismo reportó el cambio de etiquetas y la faltante de las ampollas a los directivos del hospital, ya que era el único autorizado para suministrar el opioide sintético, utilizado en medicina como analgésico y, en ocasiones, como sustituto de la morfina.
Aunque menor y probablemente destinado al consumo personal, no hay noticias aún de una eventual imputación penal vinculada con el hurto y la alteración de las etiquetas del poderoso fármaco. Según aseguró el portal Esperanza Día X Día, la medicación no corresponde a la marca HLB Pharma, involucrada en la causa de muertes de pacientes por fentanilo contaminado, cuya totalidad de ampollas fueron retiradas, en teoría, en mayo de 2025.
En la Justicia Federal de Rosario y Entre Ríos, desde el año pasado surgieron al menos tres investigaciones penales por desvío de fentanilo y otros opioides a manos de médicos o enfermeros. En Argentina, vale aclarar, el fármaco no se vende en farmacias y se utiliza directamente en hospitales y clínicas.
Las pesquisas no expusieron a bandas organizadas, sino a personal de salud que, actuando por su cuenta, aprovechaba el acceso a estas sustancias y las sustraía. En dos casos, al menos, quedó comprobada la venta minorista. Ello deja entrever que, aunque no extendido, existe un incipiente mercado de tráfico de opioides que depende de las partidas que llegan a los centros de salud.
Días atrás, la Fiscalía desistió de seguir investigando el robo de alrededor de 60 ampollas del Hospital Iturraspe de la capital provincial, hurto detectado hace un año. Las medidas judiciales orientadas a desentrañar el origen de esa faltante resultaron infructuosas, lo que evidenció el escaso control en el manejo del fármaco.
La Argentina está muy lejos aún del estrago de salud pública que atraviesa Estados Unidos con la epidemia de fentanilo, que en 2024 reportó más de 38 mil muertes por sobredosis y duras postales de degradación social. La mayor parte de la droga que se consume en ese país, a diferencia de la Argentina, ya no es de origen legal, sino un sucedáneo producido por cárteles mexicanos, lo que aumentó la peligrosidad y el riesgo para los usuarios.
Enfermero dealer
En diciembre de 2025, un tribunal federal de Concepción del Uruguay condenó a cinco años de prisión a un enfermero de un hospital público de esa ciudad entrerriana por vender ampollas de fentanilo y otras drogas a través de la aplicación de mensajería Telegram. El trabajador, Julio Santillán, de 34 años, hacía suplencias en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Justo José de Urquiza.
La calificación penal que recayó fue pesada: comercio de estupefacientes en concurso ideal con tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, en concurso real con peculado, incumplimiento de los deberes de funcionario público y venta sin autorización de medicamentos que requieren receta para su comercialización.




