Víctor Hugo Chiarlo, fundador de la histórica fábrica de bolitas “Tinka”, fue homenajeado por su trayectoria y su aporte a la identidad industrial de la ciudad de San Jorge.
A sus 95 años, Chiarlo conserva intacto el entusiasmo con el que, siendo apenas un joven de 23, dio inicio a una de las fábricas más emblemáticas del país.
“Empecé la fábrica cuando tenía 23 años. El otro día cumplí 95, así que la fábrica tiene 72 años. ¡Qué insistencia la fábrica de bolitas!”, recordó con emoción el empresario santafesino.
Durante más de siete décadas, “Tinka” atravesó los vaivenes económicos del país y se mantuvo en pie gracias al esfuerzo familiar y al compromiso de su fundador. “Pasamos muchos gobiernos, buenos y malos. En una época tuvimos que cerrar tres años porque no podíamos competir con las bolitas importadas. Fue muy difícil”, relató Chiarlo.
El destino quiso que la historia diera un giro inesperado: “Tuvimos la suerte de que vino un empresario chino a poner una fábrica de bolitas en Argentina, sin saber que acá ya existía la nuestra. Cuando se enteró, su esposa, que era colombiana y hablaba bien castellano, nos ofreció vendernos su fábrica. Y claro, preferimos comprarla, porque si seguían ellos, nosotros íbamos a tener que cerrar la nuestra”, recordó.
Aquella decisión fue clave para asegurar la continuidad de “Tinka”, que hoy sigue produciendo alrededor de 400 mil bolitas por día, un número que demuestra la vigencia de una industria que forma parte del patrimonio cultural argentino.
Además, Chiarlo confiesa que su pasión no se apaga: “Ahora colecciono bolitas. Cada tanto voy a la fábrica y reviso los tambores de 200 litros; si encuentro alguna que no tengo, me la guardo para la colección”, cuenta con una sonrisa.
“Es muy larga la historia, llena de altos y bajos, pero gracias a Dios seguimos adelante. Estoy orgulloso de todo lo que logramos”, concluyó el fundador de “Tinka”, entre aplausos y emoción durante el homenaje.




