La capilla de la Ghitta, un lugar que aún sigue convocando casi 120 años después

Por Ruben Adalberto Pron.

El 12 de octubre, día que el calendario litúrgico católico destina a honrar a Nuestra Señora del Pilar, tiene para El Trébol la particularidad de que esa jornada, desde hace casi 120 años, convoca a la Capilla de la Ghitta, donde una difusa imagen en el ángulo que forma el encuentro de dos paredes es visitada por peregrinos –en otras épocas centenares– que ven en ella una manifestación de la Madre de Jesús y a la que le confían sus necesidades y expectativas La imagen que se interpreta como una manifestación de la Virgen.

Esta antigua costumbre, que sobrevive en tiempos de descreimiento generalizado, preocupante merma de los cultos tradicionales y llamativo auge de las iglesias “de la prosperidad”, como son las pentecostales, tiene su escenario en una casona del sudoeste de la planta urbana de la ciudad, donde en 1907 una vecina de la familia de Natalio Ghitta y su esposa Úrsula Possio asoció la mancha con la silueta de la Virgen con el Niño en brazos y le adjudicó la cura de su hijita desfalleciente. Doña Úrsula, escéptica en un principio, tomó en serio la cuestión cuando una vela colocada en el lugar por los que comenzaron a acudir apenas se divulgó la noticia comenzó a chisporrotear en forma deslumbrante, lo que la llevó a fijarse en un almanaque que le indicaba que esa jornada era 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, una devoción surgida en Zaragoza cuando el apóstol Santiago, discípulo de Jesús, predicaba en España.

La capilla, últimamente en restauración.

La creciente afluencia de promesantes a la casa de San Juan y Fernando Bianchi, y la cantidad de exvotos que se fueron acumulando en el recinto donde persistía la mancha, obligó a los Ghitta a resignarse a ceder ese lugar de la vivienda a las visitas y derrumbar una pared interna para ampliar el espacio. Años después, en la década de 1940, se adosó la torre donde una campana suena cuando una imagen de la Virgen es llevada en procesión por las inmediaciones de la capilla cada 12 de octubre, acompañada por el rezo del Santo Rosario.

La veneración de la “Virgen de la Ghitta”, como se la conoce por el nombre de la familia que habitó la casa hasta que fue vendida, no es reconocida por la Iglesia ni incorporada a la parroquia como sí lo es la capilla de Santa Rita, en el extremo norte del barrio Passo. En ello pesa todavía el tajante rechazo del párroco Joaquín García de la Vega, para quien la convocatoria de la capilla de la Ghitta representó en su momento un desafío a su autoridad y una competencia inaceptable para la primacía de la iglesia San Lorenzo Mártir.

Para algunos (como el autor de esta nota), «sería bueno que la Iglesia se amigue alguna vez con la historia y el presente de la capilla de la Ghitta», admitiendo que entre los infinitos caminos que existen para conectarse con Dios «éste sea, para muchas personas, uno de ellos», como lo escribió en un folleto redactado hace unos años.

Después de todo, no se advierte en esta concurrencia de los 12 de octubre y otros días del año, apostasía, herejía, fetichismo ni idolatría que atente contra los cimientos del catolicismo ya que lo que allí se venera no es a «la Ghitta» –la antigua dueña de la casona de quien toma el nombre la capilla– sino a una imagen que evoca, como tantos otros íconos expuestos en los templos, a la Virgen en una de sus distintas advocaciones.