La directora del predio histórico, Alejandra Ramos, detalló en Radio 2 las características únicas de la obra pensada por Ángel Guido. El uso del mármol de San Luis, el diseño en forma de barco y la mística de su torre mirador. Además, la emoción que genera en los miles de chicos de todo el país que asisten a las tradicionales promesas de lealtad cada año
El Monumento a la Bandera es mucho más que el emblema indiscutido de Rosario y de la provincia de Santa Fe; es una majestuosa obra arquitectónica cargada de historia, simbolismo y un profundo sentido de pertenencia. La directora del edificio histórico, Alejandra Ramos, repasó en diálogo con Radiópolis (Radio 2) detalles que el arquitecto Ángel Guido plasmó en su diseño fundacional y habló de la mística que se respira en el lugar, especialmente durante las convocantes promesas de lealtad de los alumnos de distintos puntos del país.
Ramos explicó que inicialmente el proyecto surgió de un concurso en el que Guido participó junto a Alejandro Bustillo, quien tiempo después se retiró de la iniciativa. «Le tomó 14 años terminar el Monumento», detalló la funcionaria local sobre el arduo trabajo en solitario del arquitecto, a quien definió como una personalidad distinguida y sumamente progresista para su momento histórico.
Una de las decisiones más potentes de Guido fue la elección del material. Todo el complejo fue construido con mármol travertino traído exclusivamente de las canteras de San Luis. «En ese momento donde todo el mundo trabajaba el mármol de Carrara y traía elementos y materiales externos, él piensa todo desde América, todo desde aquí», subrayó Ramos.
Cada rincón del Monumento relata de forma silenciosa una parte de la historia. La imponente estructura arquitectónica representa un barco que avanza hacia el río, con un mirador desde el que se ve el lugar donde estuvieron ubicadas las baterías que levantó Manuel Belgrano. La torre principal, señaló Ramos, fue concebida para reinar en las alturas de Rosario. «Él lo pensó siempre como el mirador más alto de la ciudad y de hecho, él sostenía y pedía que no hubiera ningún edificio que lo superara en altura», añadió Ramos. Eso no se cumplió, pero igualmente la vista hacia los cuatro puntos cardinales sigue siendo maravillosa.
Otro de los puntos de alto valor conceptual es la Sala de Honor de las Banderas de América, un espacio que alberga las insignias del continente junto a sus respectivos himnos, escudos y flores nacionales. A este repertorio se le suman las banderas de Italia y España, incorporadas para representar a las dos corrientes migratorias más grandes que recibió históricamente la ciudad y el país.
Más allá de la majestuosidad de la piedra y las esculturas, el Monumento adquiere verdadero sentido gracias a quienes lo habitan y visitan. Uno de los eventos más movilizadores es la tradicional promesa de lealtad, una ceremonia que se lleva a cabo desde hace más de tres décadas. «Este año vamos a recibir a lo largo de estos cuatro días alrededor de 29 mil chicos de todo el país», anticipó la directora sobre las jornadas dedicadas a los alumnos de cuarto grado.
Sobre esta ceremonia multitudinaria en el Patio Cívico, Ramos aseguró que la emoción es indescriptible cada vez que los niños pronuncian el «sí, prometo».
Finalmente, reflexionó sobre el significado vivo que la obra tiene tanto para los ciudadanos locales como para los turistas:»La bandera es nuestro símbolo, es Rosario. Yo sostengo que es Rosario, nosotros nos identificamos absolutamente con nuestro símbolo patrio y el Monumento con sus espacios cuando lo recorren, significa eso, emociona».
Fuente: Rosario3




